Un grupo de personas profanó la Catedral de Mar del Plata y eso, como es de prever, provocó conmoción en la sociedad y, en especial, en la Iglesia Católica, luego que un grupo de inadaptados haga un verdadero desastre, robando, destruyendo y hasta defecando en el altar.
Esto, más allá de causar rechazo, me llamó a la reflexión y a analizar el porqué de esta cuestión, e incluso, la reacción casi inquisidora de la iglesia.
Admito ser católico devoto, pero reconozco ser bastante diferente a la doctrina practicada por la iglesia. El hecho de defecar en la parte más sagrada de la iglesia, significa un pedido de "auxilio" por parte de quienes lo hicieron, ya que han demostrado conocer a la perfección cada lugar de la casa de Dios, y que sin dudas, al hacer esta "gracia" en un lugar tan significativo, han logrado el objetivo de llamar la atención de todos; han dado que hablar a la opinión pública, y seguramente, si son atrapados, han logrado llamar la atención de la propia iglesia, poniéndola entre la espada y la pared; entre la compasión y la inquisición.
Esto no es "obra del demonio" como ha dicho la mismísima iglesia, sino que es obra de hombres con claras necesidades de afecto y con mucha sed espiritual. De ser atrapados, la iglesia se encuentra en una encrucijada, donde podrá demostrar la compasión profesada por nuestro Señor, o bien, podrá demostrar que no han avanzado nada en estos últimos 500 años, ya que los encargados de este desastre podrían ir a la cárcel.
Cómo verán, el caso conmueve, y dejan en claro como en conjunto y desde las autoridades debemos mejorar "las condiciones de la vida humana".
Un saludo, y hasta la próxima.
Gerardo RM.
viernes, 1 de noviembre de 2013
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