Este “Proyecto de una psicología para
Mejorar las Condiciones de la Vida Humana”, sería una segunda manera de
publicar el Blog en curso, en forma de mis aportes para enseñar a la población
una manera de entender la vida humana gracias al psicoanálisis
Considero una obligación de mi parte,
dejar por escrito lo que en el curso de mi vida he aprendido y que vale la pena
transmitir a los conocimientos del hombre actual (la estructura-anatomía “hardware” y fisiología-funcionamiento
“software” de la mente humana).
Mi formación marca mi capacitación para
abordar el tema del destino humano (para un cristiano se trataría del Creador y
de la Creación en su totalidad)
¿Será meramente
casual que mi nacimiento, sea un 22 de mayo, y precisamente un día así de 1810,
dentro de nuestra histórica semana de mayo, en que los habitantes de Buenos
Aires, pedían un Cabildo Abierto, porque, según decían “el pueblo quiere saber
de lo que se trata”?, ¿Y no ha sido
siempre mi evolutiva inquietud, querer saber de qué se trata la vida humana,
cómo y para qué fuimos creados?.
Quiero
interrumpir un momento, para describir una experiencia bastante traumática que
me conmovió, en el intervalo de estar
construyendo estos blogs.
Sucedió
que mi hija Ana (councelor) me pidió que la ayudara porque necesitaba leer Más
Allá del Principio del Placer, una de las obras centrales en los más o menos
cuarenta años que le tomaron a Freud concebir y escribir su obra total (XXIV
tomos en la Standard Edition) traducida al inglés por James Strachey un
psicoanalista inglés de los primeros, que viajó a Viena para hacer su análisis
y traducir al inglés la obra original de Freud en alemán.
Decidí
utilizar la que figura en el t I de la Bibloteca Nueva traducida al español por
López Ballesteros, la cual había yo estudiado al formarme en APA como
psicoanalista. Aclaro que casi todas las obras traducidas al español fueron por
mí corregidas de la mencionada obra de Strachey, que fue llevada a cabo junto a
Freud, con el agregado en cada una de
ellas al comienzo, de unas notas del editor muy valiosas y notas al pie,
escritas por el traductor y puestas junto a las notas propias del mismo Freud.
Tal
hecho, el pedido de mi hija, me remontó a casi veinte años atrás en la época
que me hallaba sumergido en la formación de la psicología profunda de Freud y
apartándome cada vez más de mi arcaica formación espiritual judeo-cristiana.
Tener
en cuenta que en el momento de darse esta actual crisis en mí, estaba llegando
a la culminación de mi retorno a la espiritualidad pero esta vez apartándome de
la religiosidad anterior. En este momento presente había tenido la necesidad de
contar con un reforzamiento de una metodología muy certera dado que estaba
pasando por una nueva gran crisis esta vez proveniente de sucesivas fracturas
entre ellas de ambas caderas, que me precipitaron nuevamente en un peligro de
desestabilización física y psíquica, muy marcada. Es entonces que llego a
cubrir mi propósito, al concebir mi Meditación Trascendental Judeo-Cristiana
(variedad RM – t XXXVI). Como consecuencia de tal cambio en mi formación global
(psico-social y espiritual) enfrento con mucha eficacia el nuevo “tackle” que
me acosaba, justamente cuando vuelvo, por el pedido de mi hija, a las fuentes
de mi formación psicoanálitica que habían cambiado para bien mi vida anterior y
completado lo que actualmente llamo “nacimiento psicológico”. Y hete aquí que encuentro
que no lograba armonizar la obra de Freud, a partir de la mencionada de 1920,
con la que había alcanzado en mí, con el agregado de la espiritualidad, siguiendo
el consejo de los investigadores de Harvard de recurrir a la espiritualidad en
todo de tipo enfermedades.
Sentí
que se me derrumbaban todas las defensas y técnicas necesarias para vencer la
angustia. Pero ya al día siguiente comprobé que no estaba errado en mi camino y
que la psicología freudiana igual que la teología judeo-cristiana coincidían en
su esencia (ver mi t XXXIII donde logré confeccionar un cuadro que termina
homologando ambas disciplinas).
Ya
el título de la obra de Freud, Más Allá del Principio del Placer, es sugestiva
de que hay algo que debemos tener en cuenta para alcanzar la experiencia de
bienestar. Quizás el mismo Freud no advertía conscientemente que ya veinte años
atrás, en su obra cumbre, describiendo la psicología de los procesos mentales
(cap. VII de Interpretación de los Sueños de 1900), había descubierto que era
necesario repetir en la mente tanto consciente como inconsciente las
experiencias dolorosas y para llevar la angustia a una debilitación, para retener
en el preconsciente el proceso que las llevó al desgaste, en condiciones de ser
recapturadas en otras ocasiones en que se repitiera nuevamente una experiencia
displacentera que ya había sido resuelta con anterioridad, y almacenada la
forma de resolverlas. Y es aquí que descubro que el “mantra” (ver mi tomo
dedicado a la Meditación Trascendental Cristina, variedad R.M.), que empleo en
forma de una experiencia vívida de Cristo con la Samaritana Del Pozo se advierte
que para poderla El ayudar, era necesario que la mujer hablara de su angustia
(algo como repetirla) para que después El le hiciera entrega de lo que no era
otra cosa sino el bienestar.

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