viernes, 27 de septiembre de 2013

27 de setiembre

Otro relato de Freud de esa época, esta vez imaginario, transcurre en una trinchera durante la primera guerra de 1914. De tres soldados, sorprendidos por una descarga de metralla; uno de ellos muere, el segundo sufre grandes heridas y es evacuado prestamente a un hospital de sangre ubicado en el mismo frente de la batalla. El tercero no sufre ningún daño pero cae en una neurosis traumática (de guerra) que se caracteriza por una necesidad irresistible de repetir lo sucedido antes, durante y después de la experiencia traumática, aparecen pesadillas repetidas con el mismo tema, impotencia funcional, etc. Acá Freud entonces enuncia algo que parece insólito: que el soldado sano padece de una grave afección psíquica mientras que el herido gravemente se ve libre de tal neurosis. Como que la neurosis traumática repetía y conscientizaba lo acaecido con vistas a resolverlo. El herido no necesitaba crear una nueva angustia (esta vez psíquica) porque ya tenía la que le acarreaban las heridas sufridas físicamente y más bien contrarrestadas por los cuidados recibidos en el hospital de sangre.

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