viernes, 20 de septiembre de 2013

20 de setiembre

He omitido otra experiencia vivida por el mismo Freud que también está en la obra citada. Cuando Freud observó, estando en casa de una de sus hijas, una experiencia por la que pasaba un nieto suyo de dieciocho meses. El niño se veía enfrentado con las idas de la madre que se ausentaba periódicamente.  Jugaba entonces con un carretel el que arrojaba y recuperaba, por encima del barrote de su cuna. Después al juego con el carretel agregó  las palabras “fort” (fuera), cuando lo arrojaba y “da” (está) cuando lo recuperaba. Freud entonces pareció comprender que ese bebé se veía enfrentado con una situación traumática frente a las idas y vueltas de la madre. Las conscientizaba (Freud a eso lo llamaba, recordar), las repetía (sería la repetición, del tema del título de uno de sus libros: “Recuerdo. Repetición y Trabajo Elaborativo”) y volvía una y otra vez a ejecutar la situación traumática (lo llamó trabajo elaborativo). Era una forma de que el displacer de la pérdida de la madre, alcanzara un pasaje al placer del reencuentro con ella.  Esto demuestra que Freud resulta un precursor del método de observación en los bebés, como forma de explicar el por qué de sus conductas. Esa hoy en día ya es una especialidad nacida del psicoanálisis y la que ustedes sabrán practico.  

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