He omitido otra
experiencia vivida por el mismo Freud que también está en la obra citada.
Cuando Freud observó, estando en casa de una de sus hijas, una experiencia por
la que pasaba un nieto suyo de dieciocho meses. El niño se veía enfrentado con
las idas de la madre que se ausentaba periódicamente. Jugaba entonces con un carretel el que
arrojaba y recuperaba, por encima del barrote de su cuna. Después al juego con
el carretel agregó las palabras “fort”
(fuera), cuando lo arrojaba y “da” (está) cuando lo recuperaba. Freud entonces
pareció comprender que ese bebé se veía enfrentado con una situación traumática
frente a las idas y vueltas de la madre. Las conscientizaba (Freud a eso lo
llamaba, recordar), las repetía (sería la repetición, del tema del título de
uno de sus libros: “Recuerdo. Repetición y Trabajo Elaborativo”) y volvía una y
otra vez a ejecutar la situación traumática (lo llamó trabajo elaborativo). Era
una forma de que el displacer de la pérdida de la madre, alcanzara un pasaje al
placer del reencuentro con ella. Esto
demuestra que Freud resulta un precursor del método de observación en los bebés,
como forma de explicar el por qué de sus conductas. Esa hoy en día ya es una
especialidad nacida del psicoanálisis y la que ustedes sabrán practico.
viernes, 20 de septiembre de 2013
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