Otro relato de
Freud de esa época, esta vez imaginario, transcurre en una trinchera durante la
primera guerra de 1914. De tres soldados, sorprendidos por una descarga de
metralla; uno de ellos muere, el segundo sufre grandes heridas y es evacuado
prestamente a un hospital de sangre ubicado en el mismo frente de la batalla.
El tercero no sufre ningún daño pero cae en una neurosis traumática (de guerra)
que se caracteriza por una necesidad irresistible de repetir lo sucedido antes,
durante y después de la experiencia traumática, aparecen pesadillas repetidas
con el mismo tema, impotencia funcional, etc. Acá Freud entonces enuncia algo
que parece insólito: que el soldado sano padece de una grave afección psíquica
mientras que el herido gravemente se ve libre de tal neurosis. Como que la
neurosis traumática repetía y conscientizaba lo acaecido con vistas a resolverlo.
El herido no necesitaba crear una nueva angustia (esta vez psíquica) porque ya
tenía la que le acarreaban las heridas sufridas físicamente y más bien
contrarrestadas por los cuidados recibidos en el hospital de sangre.
viernes, 27 de septiembre de 2013
viernes, 20 de septiembre de 2013
20 de setiembre
He omitido otra
experiencia vivida por el mismo Freud que también está en la obra citada.
Cuando Freud observó, estando en casa de una de sus hijas, una experiencia por
la que pasaba un nieto suyo de dieciocho meses. El niño se veía enfrentado con
las idas de la madre que se ausentaba periódicamente. Jugaba entonces con un carretel el que
arrojaba y recuperaba, por encima del barrote de su cuna. Después al juego con
el carretel agregó las palabras “fort”
(fuera), cuando lo arrojaba y “da” (está) cuando lo recuperaba. Freud entonces
pareció comprender que ese bebé se veía enfrentado con una situación traumática
frente a las idas y vueltas de la madre. Las conscientizaba (Freud a eso lo
llamaba, recordar), las repetía (sería la repetición, del tema del título de
uno de sus libros: “Recuerdo. Repetición y Trabajo Elaborativo”) y volvía una y
otra vez a ejecutar la situación traumática (lo llamó trabajo elaborativo). Era
una forma de que el displacer de la pérdida de la madre, alcanzara un pasaje al
placer del reencuentro con ella. Esto
demuestra que Freud resulta un precursor del método de observación en los bebés,
como forma de explicar el por qué de sus conductas. Esa hoy en día ya es una
especialidad nacida del psicoanálisis y la que ustedes sabrán practico.
viernes, 13 de septiembre de 2013
13 de setiembre
Y yo ya en la comisión de Filosofía (incluida
en INTERPRO) había expuesto dos formas de comportarse la filosofía: la esencial
(basada en detallar y describir las esencias y la existencial basada en
experiencias vivenciales; y estaba precisamente frente al relato de una experiencia
vivida por Cristo con una mujer que encubría su sufrimiento, pero necesitada de
ser ayudada.
Este
tema Freud también lo aborda en su obra del año 1914, Recuerdo (la toma de conciencia), Repetición
(el retorno por la memoria, a la experiencia vivida) y Trabajo Elaborativo, consistente
en trabajar durante mucho tiempo y en diferentes contextos, dentro y fuera de
la experiencia analítica, las experiencias displacenteras acumuladas en el
transcurso del tiempo.
Y sino recordemos aquello que nos relata
el mismo Freud de aquellos médicos que
al principio de su obra venían a comunicarle que pese a haberle a los pacientes
encontrado un sentido a su sintomatología no se veían libres del mal que los
acosaba. Aquí Freud comprueba que la experiencia analítica debe ser larga; llevándola
a la consciencia y repìtiéndola hasta llegar
a desgastar las experiencias traumáticas. Y era precisamente lo que yo venía
haciendo con mi ingreso a la espiritualidad existencial del Evangelio. Fue así
que la calma volvió a mi y desde entonces pude volver a continuar mi obra para
ustedes, interrumpida.
viernes, 6 de septiembre de 2013
6 de setiembre
Este “Proyecto de una psicología para
Mejorar las Condiciones de la Vida Humana”, sería una segunda manera de
publicar el Blog en curso, en forma de mis aportes para enseñar a la población
una manera de entender la vida humana gracias al psicoanálisis
Considero una obligación de mi parte,
dejar por escrito lo que en el curso de mi vida he aprendido y que vale la pena
transmitir a los conocimientos del hombre actual (la estructura-anatomía “hardware” y fisiología-funcionamiento
“software” de la mente humana).
Mi formación marca mi capacitación para
abordar el tema del destino humano (para un cristiano se trataría del Creador y
de la Creación en su totalidad)
¿Será meramente
casual que mi nacimiento, sea un 22 de mayo, y precisamente un día así de 1810,
dentro de nuestra histórica semana de mayo, en que los habitantes de Buenos
Aires, pedían un Cabildo Abierto, porque, según decían “el pueblo quiere saber
de lo que se trata”?, ¿Y no ha sido
siempre mi evolutiva inquietud, querer saber de qué se trata la vida humana,
cómo y para qué fuimos creados?.
Quiero
interrumpir un momento, para describir una experiencia bastante traumática que
me conmovió, en el intervalo de estar
construyendo estos blogs.
Sucedió
que mi hija Ana (councelor) me pidió que la ayudara porque necesitaba leer Más
Allá del Principio del Placer, una de las obras centrales en los más o menos
cuarenta años que le tomaron a Freud concebir y escribir su obra total (XXIV
tomos en la Standard Edition) traducida al inglés por James Strachey un
psicoanalista inglés de los primeros, que viajó a Viena para hacer su análisis
y traducir al inglés la obra original de Freud en alemán.
Decidí
utilizar la que figura en el t I de la Bibloteca Nueva traducida al español por
López Ballesteros, la cual había yo estudiado al formarme en APA como
psicoanalista. Aclaro que casi todas las obras traducidas al español fueron por
mí corregidas de la mencionada obra de Strachey, que fue llevada a cabo junto a
Freud, con el agregado en cada una de
ellas al comienzo, de unas notas del editor muy valiosas y notas al pie,
escritas por el traductor y puestas junto a las notas propias del mismo Freud.
Tal
hecho, el pedido de mi hija, me remontó a casi veinte años atrás en la época
que me hallaba sumergido en la formación de la psicología profunda de Freud y
apartándome cada vez más de mi arcaica formación espiritual judeo-cristiana.
Tener
en cuenta que en el momento de darse esta actual crisis en mí, estaba llegando
a la culminación de mi retorno a la espiritualidad pero esta vez apartándome de
la religiosidad anterior. En este momento presente había tenido la necesidad de
contar con un reforzamiento de una metodología muy certera dado que estaba
pasando por una nueva gran crisis esta vez proveniente de sucesivas fracturas
entre ellas de ambas caderas, que me precipitaron nuevamente en un peligro de
desestabilización física y psíquica, muy marcada. Es entonces que llego a
cubrir mi propósito, al concebir mi Meditación Trascendental Judeo-Cristiana
(variedad RM – t XXXVI). Como consecuencia de tal cambio en mi formación global
(psico-social y espiritual) enfrento con mucha eficacia el nuevo “tackle” que
me acosaba, justamente cuando vuelvo, por el pedido de mi hija, a las fuentes
de mi formación psicoanálitica que habían cambiado para bien mi vida anterior y
completado lo que actualmente llamo “nacimiento psicológico”. Y hete aquí que encuentro
que no lograba armonizar la obra de Freud, a partir de la mencionada de 1920,
con la que había alcanzado en mí, con el agregado de la espiritualidad, siguiendo
el consejo de los investigadores de Harvard de recurrir a la espiritualidad en
todo de tipo enfermedades.
Sentí
que se me derrumbaban todas las defensas y técnicas necesarias para vencer la
angustia. Pero ya al día siguiente comprobé que no estaba errado en mi camino y
que la psicología freudiana igual que la teología judeo-cristiana coincidían en
su esencia (ver mi t XXXIII donde logré confeccionar un cuadro que termina
homologando ambas disciplinas).
Ya
el título de la obra de Freud, Más Allá del Principio del Placer, es sugestiva
de que hay algo que debemos tener en cuenta para alcanzar la experiencia de
bienestar. Quizás el mismo Freud no advertía conscientemente que ya veinte años
atrás, en su obra cumbre, describiendo la psicología de los procesos mentales
(cap. VII de Interpretación de los Sueños de 1900), había descubierto que era
necesario repetir en la mente tanto consciente como inconsciente las
experiencias dolorosas y para llevar la angustia a una debilitación, para retener
en el preconsciente el proceso que las llevó al desgaste, en condiciones de ser
recapturadas en otras ocasiones en que se repitiera nuevamente una experiencia
displacentera que ya había sido resuelta con anterioridad, y almacenada la
forma de resolverlas. Y es aquí que descubro que el “mantra” (ver mi tomo
dedicado a la Meditación Trascendental Cristina, variedad R.M.), que empleo en
forma de una experiencia vívida de Cristo con la Samaritana Del Pozo se advierte
que para poderla El ayudar, era necesario que la mujer hablara de su angustia
(algo como repetirla) para que después El le hiciera entrega de lo que no era
otra cosa sino el bienestar.
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