viernes, 27 de septiembre de 2013

27 de setiembre

Otro relato de Freud de esa época, esta vez imaginario, transcurre en una trinchera durante la primera guerra de 1914. De tres soldados, sorprendidos por una descarga de metralla; uno de ellos muere, el segundo sufre grandes heridas y es evacuado prestamente a un hospital de sangre ubicado en el mismo frente de la batalla. El tercero no sufre ningún daño pero cae en una neurosis traumática (de guerra) que se caracteriza por una necesidad irresistible de repetir lo sucedido antes, durante y después de la experiencia traumática, aparecen pesadillas repetidas con el mismo tema, impotencia funcional, etc. Acá Freud entonces enuncia algo que parece insólito: que el soldado sano padece de una grave afección psíquica mientras que el herido gravemente se ve libre de tal neurosis. Como que la neurosis traumática repetía y conscientizaba lo acaecido con vistas a resolverlo. El herido no necesitaba crear una nueva angustia (esta vez psíquica) porque ya tenía la que le acarreaban las heridas sufridas físicamente y más bien contrarrestadas por los cuidados recibidos en el hospital de sangre.

viernes, 20 de septiembre de 2013

20 de setiembre

He omitido otra experiencia vivida por el mismo Freud que también está en la obra citada. Cuando Freud observó, estando en casa de una de sus hijas, una experiencia por la que pasaba un nieto suyo de dieciocho meses. El niño se veía enfrentado con las idas de la madre que se ausentaba periódicamente.  Jugaba entonces con un carretel el que arrojaba y recuperaba, por encima del barrote de su cuna. Después al juego con el carretel agregó  las palabras “fort” (fuera), cuando lo arrojaba y “da” (está) cuando lo recuperaba. Freud entonces pareció comprender que ese bebé se veía enfrentado con una situación traumática frente a las idas y vueltas de la madre. Las conscientizaba (Freud a eso lo llamaba, recordar), las repetía (sería la repetición, del tema del título de uno de sus libros: “Recuerdo. Repetición y Trabajo Elaborativo”) y volvía una y otra vez a ejecutar la situación traumática (lo llamó trabajo elaborativo). Era una forma de que el displacer de la pérdida de la madre, alcanzara un pasaje al placer del reencuentro con ella.  Esto demuestra que Freud resulta un precursor del método de observación en los bebés, como forma de explicar el por qué de sus conductas. Esa hoy en día ya es una especialidad nacida del psicoanálisis y la que ustedes sabrán practico.  

viernes, 13 de septiembre de 2013

13 de setiembre

Y yo ya en la comisión de Filosofía (incluida en INTERPRO) había expuesto dos formas de comportarse la filosofía: la esencial (basada en detallar y describir las esencias y la existencial basada en experiencias vivenciales; y estaba precisamente frente al relato de una experiencia vivida por Cristo con una mujer que encubría su sufrimiento, pero necesitada de ser ayudada.
         Este tema Freud también lo aborda en su obra del año 1914,  Recuerdo (la toma de conciencia), Repetición (el retorno por la memoria, a la experiencia vivida) y Trabajo Elaborativo, consistente en trabajar durante mucho tiempo y en diferentes contextos, dentro y fuera de la experiencia analítica, las experiencias displacenteras acumuladas en el transcurso del tiempo.

         Y sino recordemos aquello que nos relata el mismo  Freud de aquellos médicos que al principio de su obra venían a comunicarle que pese a haberle a los pacientes encontrado un sentido a su sintomatología no se veían libres del mal que los acosaba. Aquí Freud comprueba que la experiencia analítica debe ser larga; llevándola a la consciencia y repìtiéndola  hasta llegar a desgastar las experiencias traumáticas. Y era precisamente lo que yo venía haciendo con mi ingreso a la espiritualidad existencial del Evangelio. Fue así que la calma volvió a mi y desde entonces pude volver a continuar mi obra para ustedes, interrumpida.

viernes, 6 de septiembre de 2013

6 de setiembre

Este “Proyecto de una psicología para Mejorar las Condiciones de la Vida Humana”, sería una segunda manera de publicar el Blog en curso, en forma de mis aportes para enseñar a la población una manera de entender la vida humana gracias al psicoanálisis
Considero una obligación de mi parte, dejar por escrito lo que en el curso de mi vida he aprendido y que vale la pena transmitir a los conocimientos del hombre actual (la estructura-anatomía  “hardware” y fisiología-funcionamiento “software” de la mente humana).
Mi formación marca mi capacitación para abordar el tema del destino humano (para un cristiano se trataría del Creador y de la Creación en su totalidad) 
¿Será meramente casual que mi nacimiento, sea un 22 de mayo, y precisamente un día así de 1810, dentro de nuestra histórica semana de mayo, en que los habitantes de Buenos Aires, pedían un Cabildo Abierto, porque, según decían “el pueblo quiere saber de lo que se trata”?,  ¿Y no ha sido siempre mi evolutiva inquietud, querer saber de qué se trata la vida humana, cómo y para qué fuimos creados?.

Quiero interrumpir un momento, para describir una experiencia bastante traumática que me conmovió,  en el intervalo de estar construyendo estos blogs.
         Sucedió que mi hija Ana (councelor) me pidió que la ayudara porque necesitaba leer Más Allá del Principio del Placer, una de las obras centrales en los más o menos cuarenta años que le tomaron a Freud concebir y escribir su obra total (XXIV tomos en la Standard Edition) traducida al inglés por James Strachey un psicoanalista inglés de los primeros, que viajó a Viena para hacer su análisis y traducir al inglés la obra original de Freud en alemán.
         Decidí utilizar la que figura en el t I de la Bibloteca Nueva traducida al español por López Ballesteros, la cual había yo estudiado al formarme en APA como psicoanalista. Aclaro que casi todas las obras traducidas al español fueron por mí corregidas de la mencionada obra de Strachey, que fue llevada a cabo junto a Freud,  con el agregado en cada una de ellas al comienzo, de unas notas del editor muy valiosas y notas al pie, escritas por el traductor y puestas junto a las notas propias del mismo Freud.
         Tal hecho, el pedido de mi hija, me remontó a casi veinte años atrás en la época que me hallaba sumergido en la formación de la psicología profunda de Freud y apartándome cada vez más de mi arcaica formación espiritual judeo-cristiana.
         Tener en cuenta que en el momento de darse esta actual crisis en mí, estaba llegando a la culminación de mi retorno a la espiritualidad pero esta vez apartándome de la religiosidad anterior. En este momento presente había tenido la necesidad de contar con un reforzamiento de una metodología muy certera dado que estaba pasando por una nueva gran crisis esta vez proveniente de sucesivas fracturas entre ellas de ambas caderas, que me precipitaron nuevamente en un peligro de desestabilización física y psíquica, muy marcada. Es entonces que llego a cubrir mi propósito, al concebir mi Meditación Trascendental Judeo-Cristiana (variedad RM – t XXXVI). Como consecuencia de tal cambio en mi formación global (psico-social y espiritual) enfrento con mucha eficacia el nuevo “tackle” que me acosaba, justamente cuando vuelvo, por el pedido de mi hija, a las fuentes de mi formación psicoanálitica que habían cambiado para bien mi vida anterior y completado lo que actualmente llamo “nacimiento psicológico”. Y hete aquí que encuentro que no lograba armonizar la obra de Freud, a partir de la mencionada de 1920, con la que había alcanzado en mí, con el agregado de la espiritualidad, siguiendo el consejo de los investigadores de Harvard de recurrir a la espiritualidad en todo de tipo enfermedades.  
         Sentí que se me derrumbaban todas las defensas y técnicas necesarias para vencer la angustia. Pero ya al día siguiente comprobé que no estaba errado en mi camino y que la psicología freudiana igual que la teología judeo-cristiana coincidían en su esencia (ver mi t XXXIII donde logré confeccionar un cuadro que termina homologando ambas disciplinas).

         Ya el título de la obra de Freud, Más Allá del Principio del Placer, es sugestiva de que hay algo que debemos tener en cuenta para alcanzar la experiencia de bienestar. Quizás el mismo Freud no advertía conscientemente que ya veinte años atrás, en su obra cumbre, describiendo la psicología de los procesos mentales (cap. VII de Interpretación de los Sueños de 1900), había descubierto que era necesario repetir en la mente tanto consciente como inconsciente las experiencias dolorosas y para llevar la angustia a una debilitación, para retener en el preconsciente el proceso que las llevó al desgaste, en condiciones de ser recapturadas en otras ocasiones en que se repitiera nuevamente una experiencia displacentera que ya había sido resuelta con anterioridad, y almacenada la forma de resolverlas. Y es aquí que descubro que el “mantra” (ver mi tomo dedicado a la Meditación Trascendental Cristina, variedad R.M.), que empleo en forma de una experiencia vívida de Cristo con la Samaritana Del Pozo se advierte que para poderla El ayudar, era necesario que la mujer hablara de su angustia (algo como repetirla) para que después El le hiciera entrega de lo que no era otra cosa sino el bienestar.