Esto supone aceptar nuestra “maldad”
(como el displacer en Más Allá del Principio del Placer) y luchar por mejorar
nuestras condiciones de vida (cuerpo, mente, sociabilidad y espíritu),
adecuándonos al diseño, para cada uno de nosotros, propuesto por el arquitecto (Dios) al que le ofrecemos nuestra energía
(pulsiones de vida y de muerte) para que El realice la obra de la Creación.
Primero (Freud)
habló de instintos de vida y muerte, después abandonados a la vida biológica
(cuerpo-soma) siendo reemplazados por el de pulsiones tratándose ya, como dice
M.Klein, de experiencias (las sentidas y vividas como buenas y malas).

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