¡A trabajar entonces! y seguir en la
meta del bien: “mejorar las condiciones de la vida humana”. Y aquí es donde se
pone más de manifiesto nuestro papel de compartir la misma suerte creativa, el “crear-con”,
ser consortes, y estar atados al mismo yugo esforzado del avance creativo (el “divinae consortes naturae”, que
traducido sería “somos cónyuges,
consortes, partícipes de la naturaleza divina), de San Pedro en la segunda
de sus epístolas, como nos lo enseño el sociólogo, que es nuestro compañero de
trabajo, Luis Mario Zuran. Como cónyuges estaríamos atados al mismo yugo de la
Creación y como consortes correríamos la misma suerte del Creador.
En realidad por
naturaleza (constitución) no somos
malos, sino proclives al desvío, a descarrilarnos), pero debemos, para
responder al diseño del alfarero (Dios) averiguar cómo debe conducirse
(anatomía y fisiología) nuestro cuerpo, ídem nuestra mente (psicología) y
también nuestras relaciones sociales y la espíritualidad (el pneuma, aire,
espíritu), alcanzada en base a un proceso de sublimación).

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