viernes, 2 de agosto de 2013

2 de agosto de 2013

¡A trabajar entonces! y seguir en la meta del bien: “mejorar las condiciones de la vida humana”. Y aquí es donde se pone más de manifiesto nuestro papel de compartir la misma suerte creativa, el “crear-con”, ser consortes, y estar atados al mismo yugo esforzado del avance creativo (el “divinae consortes naturae”, que traducido sería “somos cónyuges, consortes, partícipes de la naturaleza divina), de San Pedro en la segunda de sus epístolas, como nos lo enseño el sociólogo, que es nuestro compañero de trabajo, Luis Mario Zuran. Como cónyuges estaríamos atados al mismo yugo de la Creación y como consortes correríamos la misma suerte del Creador.


En realidad por naturaleza (constitución) no somos malos, sino proclives al desvío, a descarrilarnos), pero debemos, para responder al diseño del alfarero (Dios) averiguar cómo debe conducirse (anatomía y fisiología) nuestro cuerpo, ídem nuestra mente (psicología) y también nuestras relaciones sociales y la espíritualidad (el pneuma, aire, espíritu), alcanzada en base a un proceso de sublimación).

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