viernes, 5 de julio de 2013

5 de julio

Al vivir bien la relación con la mujer, en el vínculo original con la madre, lo internalizaba y,  como dice Hanna Segal “los aspectos reparados del objeto se instalan en la mente como símbolos”. Se trataría del origen de la mente, manteniendo la reminiscencia de la trascendencia sobrenatural con el Creador (ver Espiritualidad) y natural con los padres. Se alcanza: la estructuración del cuerpo, de la mente, del espíritu y la socialización, atributos distintivos del hombre actual. ya evolucionado,
Desde que Sócrates, pese a los miles de años transcurridos, estaría más cerca del “Homo sapiens” (que ya pensaba), el hombre de las cavernas, el cavernícola. el troglodita, el cual podríamos relacionar con el hombre de Platón criado en las sombras. Tales sombras para mí deben ser el primer hecho posterior a la salida del narcisismo, la indiscriminación original.
Se iniciaría la vida psíquica del hombre, y la sombra originalmente representaría el propio “self” y después la presencia de otro,  el prójimo. Internalizadas esas primeras sombras constituirían las “imagos”, precursoras de las imágenes, que ya caracterizan el hombre pensante. Al salir de la caverna y ver la luz, se reemplazarían las sombras y se iniciaría la discriminación con otros (si se trataba de las mujer, con el hijo o el hombre; en el caso de éste último, con el hijo, la mujer y los otros congéneres con los que ya llevaría a cabo tareas, esbozos del futuro trabajo).

Se habría alcanzado la discriminación endopsíquica e interpersonal, acompañado del juego (las pinturas rupestres por ejemplo) y después el lenguaje (como en la evolución ya mencionada, del “fort y el da”, del juego con el carretel del nieto de Freud).  

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