Al vivir bien la relación
con la mujer, en el vínculo original con la madre, lo internalizaba y, como dice Hanna Segal “los aspectos reparados
del objeto se instalan en la mente como símbolos”. Se trataría del origen de la
mente, manteniendo la reminiscencia de la trascendencia sobrenatural con el Creador
(ver Espiritualidad) y natural con los padres. Se alcanza: la estructuración
del cuerpo, de la mente, del espíritu y la socialización, atributos distintivos
del hombre actual. ya evolucionado,
Desde que Sócrates, pese
a los miles de años transcurridos, estaría más cerca del “Homo sapiens” (que ya
pensaba), el hombre de las cavernas, el cavernícola. el troglodita, el cual
podríamos relacionar con el hombre de Platón criado en las sombras. Tales
sombras para mí deben ser el primer hecho posterior a la salida del narcisismo,
la indiscriminación original.
Se iniciaría la vida
psíquica del hombre, y la sombra originalmente representaría el propio “self” y
después la presencia de otro, el prójimo.
Internalizadas esas primeras sombras constituirían las “imagos”, precursoras de
las imágenes, que ya caracterizan el hombre pensante. Al salir de la caverna y
ver la luz, se reemplazarían las sombras y se iniciaría la discriminación con otros
(si se trataba de las mujer, con el hijo o el hombre; en el caso de éste último,
con el hijo, la mujer y los otros congéneres con los que ya llevaría a cabo
tareas, esbozos del futuro trabajo).
Se habría alcanzado la discriminación
endopsíquica e interpersonal, acompañado del juego (las pinturas rupestres por
ejemplo) y después el lenguaje (como en la evolución ya mencionada, del “fort y
el da”, del juego con el carretel del nieto de Freud).

No hay comentarios:
Publicar un comentario