Está el caso de lo que sucedió con los griegos que
practicaban la voz del pueblo y las características de la tal voz del pueblo,
que actualmente está apareciendo en nuestra cultura, y primitivamente era la
“eclesia”, que es la palabra griega que la designa. Esa palabra se fue cambiando
y también degradando cuando se transformó en lo que hoy en día conocemos como
la iglesia o lugar donde se practican los cultos y demás supuestas conexiones
con el Creador.
Probablemente
tienen que volver a transcurrir otros dos mil años para que mejore notoriamente
nuestra especie. O quizás menos porque ya portamos la identificación con la cultura
heleno-judeo-cristiana anterior.
De
manera que quien conozca y esté identificado con la doctrina freudiana y la
cristiana lleva una delantera que creemos dará
sus frutos más adelante.
Me
lanzo entonces a tratar de sintetizar la doctrina judeo-cristiana y el cambio
operado en nosotros por Freud.
Quizá esos
cien años de Freud permitirán abreviar el tiempo para convencernos de su
doctrina, pionera en describirnos la estructura de la mente humana, su funcionamiento,
y sus deformaciones y posibilidades de cambio.
Eso
sí, creo que necesitamos seguir formándonos dentro de la doctrina cristiana y
en mayor o menor grado en el pasaje por el análisis personal en cualquiera de
sus formas (grupal o individual) según la intensidad y calidad de la
problemática que tenemos que modificar.
Y
esta es mi pretensión: hacer conocer o clarificar ambas doctrinas para lograr
la integridad somato-psíquica, espiritual y social del ser humano para que llegue
a ser un mejor padre y una mejor madre (“suficientemente buena” como dice Winnicott).
Agregando las modificaciones de la Educación y la escuela y cualquier tipo de
formación individual, educacional, laboral, social, deportiva, artística etc.
etc.
De
manera que no pretende ocupar el lugar aún de la formación espiritual
convencional y lo mismo decir para la educación y la escuela (¡recordemos que
la primera influencia sobre nosotros llegó después de dos mil años ¡)
Hechas
estas someras aclaraciones prosigamos nuestro trabajo con fe (estructura), esperanza
(confianza de que perdure y se enriquezca en el futuro) y caridad (amor,
energía que generamos y con la que participamos en la Creación representando el último eslabón en el logro de la misma: la
abstracción, la conceptualización y el lenguaje, atributos distintivos de
nuestra mente)

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