viernes, 21 de junio de 2013

PRÓLOGO -GENERALIDADES- (2 parte)

Está  el caso de lo que sucedió con los griegos que practicaban la voz del pueblo y las características de la tal voz del pueblo, que actualmente está apareciendo en nuestra cultura, y primitivamente era la “eclesia”, que es la palabra griega que la designa. Esa palabra se fue cambiando y también degradando cuando se transformó en lo que hoy en día conocemos como la iglesia o lugar donde se practican los cultos y demás supuestas conexiones con el Creador.
         Probablemente tienen que volver a transcurrir otros dos mil años para que mejore notoriamente nuestra especie. O quizás menos porque ya portamos la identificación con la cultura heleno-judeo-cristiana anterior.
         De manera que quien conozca y esté identificado con la doctrina freudiana y la cristiana lleva una delantera que creemos dará  sus frutos más adelante.
         Me lanzo entonces a tratar de sintetizar la doctrina judeo-cristiana y el cambio operado en nosotros por Freud.

         Quizá esos cien años de Freud permitirán abreviar el tiempo para convencernos de su doctrina, pionera en describirnos la estructura de la mente humana, su funcionamiento, y sus deformaciones y posibilidades de cambio.

Eso sí, creo que necesitamos seguir formándonos dentro de la doctrina cristiana y en mayor o menor grado en el pasaje por el análisis personal en cualquiera de sus formas (grupal o individual) según la intensidad y calidad de la problemática que tenemos que modificar.

Y esta es mi pretensión: hacer conocer o clarificar ambas doctrinas para lograr la integridad somato-psíquica, espiritual y social del ser humano para que llegue a ser un mejor padre y una mejor madre (“suficientemente buena” como dice Winnicott). Agregando las modificaciones de la Educación y la escuela y cualquier tipo de formación individual, educacional, laboral, social, deportiva, artística etc. etc.

De manera que no pretende ocupar el lugar aún de la formación espiritual convencional y lo mismo decir para la educación y la escuela (¡recordemos que la primera influencia sobre nosotros llegó después de dos mil años ¡)


Hechas estas someras aclaraciones prosigamos nuestro trabajo con fe (estructura), esperanza (confianza de que perdure y se enriquezca en el futuro) y caridad (amor, energía que generamos y con la que participamos en la Creación representando  el último eslabón en el logro de la misma: la abstracción, la conceptualización y el lenguaje, atributos distintivos de nuestra mente)

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