De la
medicina, la explicación más segura de
mi vocación, porque estaba presente la identificación con mi padre y, algo que
después comprendí, porque se parecía mucho al sacerdocio. Al final mi actividad
actual se asemeja a la del sacerdote, en cuanto a la asistencia espiritual del
prójimo.
Y ahora volvamos al tema del “eslabón
perdido”. Siempre me atrajo la filosofía y seguramente incluida la psicología,
que tengo entendido es una de las últimas disciplinas desprendidas de la madre
filosofía. Y qué decir del psicoanálisis dentro del cual, Freud por primera vez
en la historia de las ciencias nos propone una explicación de la estructura y
del funcionamiento de la mente. Agregado al componente social, sociologíco, ha
configurado la totalidad de mis estudios capaces de proponer este proyecto para
mejorar, y por supuesto, entender mejor, las condiciones de la vida humana.
Todo esto demuestra mi inclinación
inicial y temprana por el punto de vista teleológico (finalista), en mi
filosofía de la vida. Encontrar el por qué y para qué de nuestra vida. El
enfoque trascendente. El enfoque teleológico fue propuesto por Víctor Frankl,
psiquiatra psicoanalista vienés y aparentemente descuidado por el psicoanálisis
freudiano.
Luego los otros enfoques: el ontológico-estructural,
cómo y de qué estamos hechos. A continuación, junto con la espiritualidad el
enfoque ético, qué hace que una persona sea buena y otra mala. Después el
enfoque estético, ser lindo o ser feo, y serlo, no meramente lindo o feo,
agradable o desagradable, en el sentido meramente estético, sino desde la
adecuación de las estructuras a una ordenación adecuada; y esto es flagrante en
la medicina que al cabo de los años se guía no solamente por la visión estética
sino por el funcionamiento correcto de la dotación estructural y moral del
hombre.
Creo entonces que recién ahora puedo entender
para qué tantas actividades e inquietudes emprendidas, y dentro de la medicina
misma (en mis sesenta años de médico), tantas especialidades en que participara.
