sábado, 10 de noviembre de 2012

10 de Noviembre de 2012


            Así se entiende que después de ser nosotros creados (ver Cap. 18 del libro De Jeremías en el Génesis), algunos libremente eligieron, los escasísimos, el buen camino en la Creación, el de “crear-con” (el Creador)- y otros quisieron construir la torre que llegaría al cielo, es decir, pretender imitar el destino de los buenos y alcanzarlos: el “crear-frente a”. Esos son "Los Hijos de los Hombres" o "Hijos de las Tinieblas, como a estos últimos los llamó Cristo, los cuales ejecutarían todos los males que nos acosan: delincuencia, perversiones de todo tipo, alcoholismo, tabaquismo, etc, etc. El escaso remanente bueno en el Antiguo Testamento, serían llamados "Hijos de Dios", Y Cristo los llamó "Hijos de la Luz".

          Habría algo dinámico en esta forma de ver la Creación que explicaría las grandes calamidades que comete el hombre, opuestas a sus grandes logros, avances y perfeccionamientos observables en nuestra evolución.

          Si no hacemos estas observaciones previas a entrar en una psicología de avance, no podemos vencer ese pesimismo que nos abate en relación a este tema al ver nuestro panorama actual.

          !A trabajar entonces! y seguir en la meta del bien: “mejorar las condiciones de la vida humana”. Y aquí es donde se pone más de manifiesto nuestro papel de compartir la misma suerte creativa, el “crear-con”, ser consortes, y estar atados al mismo yugo esforzado del avance creativo (el “divinae consortes naturae”, de San Pedro en una de sus epístolas, como nos lo enseño el buen sociólogo que es nuestro compañero de trabajo, Luis Mario Zuran). Como cónyuges estaríamos atados al mismo yugo de la Creación y como consortes, correríamos la misma suerte del Creador.

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