lunes, 15 de octubre de 2012

PRÓLOGO . GENERALIDADES

 Inicio esta pretenciosa parte (parte I) de mi obra, y la llamo así porque tiene la pretensión de con ella contribuir a mejorar las condiciones de la vida humana.
         Pensemos en los dos grandes hombres que han cimentado nuestra vida humana y nuestra cultura; Cristo hace seguramente dos mil años como se cree y Freud del que sí tenemos la certeza de que empezó su Obra en el ámbito de la psicología, hacen cien años.
         No olvidemos, si nos vamos para más atrás, la filosofía de los griegos; Sócrates (470 años AC) y sus seguidores. Y antes aún se puede citar el Código de Hammurabi de los babilonios, que representa el primer conjunto de leyes; la más antigua encontrada (1760 años AC). 

El primero (Cristo) nos dio la certeza de la obra, en nosotros, del Creador (Dios) que se venía conociendo, pero al redimirla la certificó como creíble y poder confiar en nosotros mismos, la eficacia de la Creación y especialmente del porqué de la nuestra. Como dice San Pedro llegamos a ser “cónyuges, consortes y partícipes” en la obra de la Creación y San Pablo que somos cocreadores y corredentores en la obra de la Creación. Poco a poco fue capturada por la teología que conocemos y lamentablemente severamente deformada. Tomemos como ejemplo el caso de lo que sucedió con los griegos que practicaban la voz del pueblo y las características de la tal voz del pueblo, que actualmente está apareciendo en nuestra cultura, primitivamente era la “eclesía”, que es la palabra griega que la designa. Esa palabra se fue cambiando y también degradando cuando se transformó en lo que hoy en día conocemos como la iglesia o lugar donde se practican los cultos y demás supuestas conexiones con el Creador.
         Probablemente tienen que volver a transcurrir otros dos mil años para que mejore notoriamente nuestra especie. O quizás menos porque ya llevamos la identificación con la heleno-judeo-cristiana anterior.
         De manera que quien conozca y esté identificado con la doctrina freudiana y la cristiana lleva una delantera que creemos dará  sus frutos más adelante.
         Me lanzo entonces a tratar de sintetizar la doctrina judeo-cristiana y el cambio operado en nosotros por Freud.

         Quizá esos cien años de Freud permitirán abreviar el tiempo para convencernos de su doctrina, pionera en describirnos la estructura de la mente humana y sus deformaciones y posibilidades de cambio.

Eso sí, creo que necesitamos seguir formándonos dentro de la doctrina cristiana y en mayor o menor grado en el pasaje por el análisis personal en cualquiera de sus formas (grupal o individual) según la intensidad y calidad de la problemática que tenemos que modificar.

Y esta es mi pretensión: hacer conocer o clarificar ambas doctrinas para lograr la integridad somato-psíquica, espiritual y social del ser humano para que llegue a ser un mejor padre y una mejor madre (“suficientemente buena” como dice Winnicott). Agregando las modificaciones de la Educación y la escuela y cualquier tipo de formación individual, educacional, laboral, social etc. etc.

De manera que no pretende ocupar el lugar aún de la formación espiritual convencional y lo mismo decir para la educación y la escuela (¡recordemos que la primera influencia sobre nosotros llegó después de dos mil años¡)

Hechas estas someras aclaraciones prosigamos nuestro trabajo con fe (estructura), esperanza (confianza de que perdure y se enriquezca en el futuro) y caridad (amor, energía que generamos y con la que participamos en la Creación del último eslabón en el logro de la misma: la abstracción, la conceptualización y el lenguaje, atributos distintivos de nuestra mente)

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