Me referiré a la “liaison", el enlace, entre la espiritualidad y mi interpretación de la vida humana en base al psicoanálisis que comenzaré después de esta introducción.
Planteo ahora que antes de la etapa en que el alfarero, el Creador, crea al hombre, es decir, trascendente sobrenatural, otra donde el Creador está aún solo. Sigo sosteniendo, sin embargo, que somos el último eslabón en la cadena de la Creación y colaboradores, "partícipes” de la Creación ("divinae consortium naturae" de la Epítola II de San Pedro ), y en cuanto a lo de cónyuges o consortes, , estamos siempre debajo y a merced de la naturaleza divina. Ese estrato más alto, anterior a la creación del hombre, es el gran misterio. Sí podemos decir que hay un grupo mínimo de nosotros que nos ponemos al servicio del Creador y la mayoría, con mucha soberbia lo elude y trata de llegar por sus propios medios a la cima de la “torre” (la Torre de Babel).
De manera que acabo de hacer una modificación a mi planteo propuesto en mi libro de Espiritualidad, Meditación Trascendental Cristiana. Ahora considero tres etapas en la Creación; en la primera el Creador aun está solo, en la segunda que la sigue ver al alfarero (ver en el Antiguo Testamento el libro de Jeremías, capítulo 18), en el momento en que crea al hombre. Le siguen la trascendente natural y por fin la etapa ontogénica en que se plantea el desarrollo individual del hombre, después del nacimiento biológico al que lo seguirá el psicológico característico del ser humano.
Hoy me he dado cuenta que a mí me quedó un recuerdo que no pasó, en cuanto a su inteligibilidad a la consciencia. Me he dado cuenta también que siempre desde pequeño prevaleció en mí buscar la recta senda (transitar rectamente por el andarivel, de la vida armónica) y angustiarme cuando me salía del camino.
“Recordar” etimológicamente hace intervenir al corazón (“cor”) y eso se advirtió en mi actitud frente al Altar del Santísimo en las Victorias cuando fui desahuciado por aquel psiquiatra. Como una reminiscencia de haber compartido con el Creador, cuando El me creó como a una pieza de alfarería, y me debe haber “dicho”: “pero recuerda siempre, que puede llegar un día, debido a las experiencias que tendrás que vivir en las etapas trascendente natural y ontogénica, que se ponga a prueba tu fidelidad a Mi. Pero nunca olvides, sin embargo, de buscarme en oportunidades como esa”, cosa que yo hice como la prostituta del banquete y el delincuente que murió junto a Cristo en la cruz. Y ahí se inician casi inexplicablemente mis años de análisis, que daría lugar a mi resurrección psíquica y la aparición de aquel Fernando Risso que tanto me ayudó hasta llegar él mismo a presentarme a mi compañera actual (con quien llevo cincuenta años compartidos).
Y llego por fin a la cima de la torre pero manteniendo, mi fidelidad al alfarero. Uno de los pocos que llegaron a El “que no nacen de la carne ni de voluntad de hombres, sino de Dios” (Ev, de San Juan). Y comparándome con la samaritana del pozo de Jacob, vendría yo a ser uno, que por darle mis angustias y la satisfacción por llegar bien al final, recibo en vida el bienestar y en la vida eterna…….“chi lo sa” . Reciclo y entrego voluntariamente a El ese bien recibido, de la naturaleza de la pulsión de vida, energía que El tanto necesita para la Creación; además, ya no estará entonces solo y desde que prometió a la samaritana del pozo algo de valor infinito, en cambio de lo que de ella recibiera, esto podría consistir en la redención de la condición humana (las piezas de alfarería que el respeta y conserva, opuestas a las que rompe; consistente en ayudar a que de éstas creaciones, no haya tantas pero sin menoscabar el acto creativo que siempre necesita esa eterna diferencia del bien al mal y viceversa).
En lo sucesivo me sumergiré en la psicología humana prácticamente cien años después de que su creador la pusiera en marcha.
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