viernes, 16 de diciembre de 2011

Del sentimiento de bienestar y el sentido de la vida.

La génesis del sentimiento de bienestar depende de poder recrear el vínculo original con la madre, y al mismo tiempo repararlo. Se comprueba, así, cómo necesitamos del otro, a través del cual efectuamos tal recreación y reparación. Una vez efectuada, recién el vínculo puede ser internalizado, sirviendo, desde adentro de sostén. Para llevar a cabo tal reparación es necesario unirse muy estrechamente al otro, pero al mismo tiempo sabiendo desprenderse, dejándose mutuamente en libertad. Tal es el deseo, el que una vez vigente, torna irrecuperable para el hombre la felicidad narcisística (el paraíso perdido), debiendo conformarse con la de naturaleza creativa, dentro de un marco estructural, discriminado y objetal.

Resulta así que la intervención del otro es indispensable para la recreación, reparación e internalización ulterior, de la experiencia estructurante. Es estar muy cerca del otro, y encontrar allí el sentido verdadero de la vida. Es decir que la vida, y quizás aun a Dios, se la encuentra con, y junto al otro.

De manera que darle sentido a la vida, dependería de la posibilidad de recrear, a través del otro, aquel vínculo primario que tuvimos con la madre. Obviamente, tanto más logrado, cuanto más favorable fue aquél. Para eso es necesario contar con la experiencia en base a un vínculo comprometido, como aquel que se da en la relación analítica, donde los dos miembros del binomio se buscan, y donde el analista promueve la capacidad reparatoria de su analizado, y se torna él mismo, a su vez, accesible para ser reparado. No sólo el analizado, sino también el analista, introyectarán esa experiencia, de cuya asimilación dependerá el sentimiento de bienestar que da sentido a la vida. Si el analista no lo consigue, por carecer el otro de las condiciones requeridas, al menos le quedará la impresión del esfuerzo realizado.

Sin duda se trata de una experiencia tanto más efectiva y profunda, cuanto más perzonalizada (practicamente limitada al ejercicio de dos personas). Recuerdo al respecto que la madre Teresa de Calcuta dice en uno de sus libros: ¨uno solamente puede salvar a uno por vez. Uno solamente puede amar a uno por vez¨.

No hay comentarios:

Publicar un comentario