viernes, 17 de junio de 2011

Sobre el Suicidio Asistido

Días pasados me sorprendió la idea de que en Inglaterra ya se ha instalado un sistema para practicar el suicidio asistido por la medicina.

En mi último trabajo "La Meditación Trascendental Cristiana variedad RM" hablé muy a la ligera de que S. Freud hablaba de instinto de vida e instinto de muerte. Mientras que M. Klein, y quienes la han seguido, más bien hablan de pulsiones de vida y pulsiones de muerte.

Si instinto tiene un significado biológico (caso de nacer y morir), la pulsión lo tiene a partir de experiencias que se viven desde el nacimiento.

Creo ahora comprender esto del suicido asistido. Una persona con avanzada edad puede tener el instinto de vida (biológico) en buenas o malas condiciones y lo mismo decir de las pulsiones. Dándose la posibilidad de coincidencias o de contadicciones. Es decir, instinto de vida en buenas condiciones y pulsión de vida en malas, los dos en buenas,los dos en malas, etc.

La Meditación Trascendental Critiana var RM enseña cómo puede uno enfrentarse, a cualquier edad, con cualquier adversidad, y sin embargo tener disposición mental para morir cuando la muerte biológica nos sorprenda. Mientras que otra persona puede tener capacidad para seguir viviendo y sin embargo optar por el suicidio.

Con el psicoanálisis solamente podemos modificar las experiencias (pulsiones) y no los instintos. De todas maneras tanto unos como otros generan una energía que el “alfarero” (capítulo 18 de Jeremías), es decir el Creador, la emplearía en la Creación.

Es decir que dos razones podrían llevarme a desechar el suicido asistido: el aporte, que constituyen a la Creación, aún las pulsiones de muerte (el sufrimiento que nos acosa), y también, por supuesto, el aporte que puede llegar a tener uno en la vida por otros factores de menor sentido trascendente.

Habría que estudiar cada caso sobre la base de estos lineamientos.

viernes, 10 de junio de 2011

Del ingreso a la etapa propiamente psicológica. 2da parte.

Podrán apreciar que tengo derecho a decir que mi psicología es una psicología práctica. Que no apunta a las esencias, sino a las existencias, es decir, a las comprobaciones existenciales, ya sea en mí mismo o en otros.

En este momento me acordé de un hecho sumamente importante. Un tema actual de mucho valor, como es la escuela y se supone, las reformas de la escuela.

Cuando me inicié en la medicina, ustedes ya saben que muy tempranamente me dediqué, más que nada por una cuestión vocacional, al niño y a sus problemas de conducta y escolares. Entonces conocí, de mis años de trabajo en “Fonoaudiología”, rama de la “Otorrinolaringología” donde me especialicé en mis inicios, que lo que hoy en día conocemos como enseñanza preescolar, con las respectivas salitas conque va avanzando la formación de un niño pequeño, se aplicaban en el siglo XVII solamente a los niños que hoy en día llamamos discapacitados (sordos, ciegos, lesionados cerebrales y retrasados mentales).

Tiempo atrás ya ingresado al psicoanálisis de niños y a la psiquiatría infantil, un día, como me pasa tantas veces, en un momento inspirado, me di cuenta de que los que veníamos de otros tiempos ingresábamos directamente al primer grado. En este momento en cambio tengo un nieto de 4 años que ya lee y escribe perfectamente.

Pero hay algo que no encontré en ningún libro de Pedagogía: Que la enseñanza haya tomado conciencia de este déficit que a nosotros nos afectaba mientras que no nos afectaban los déficit de esos niños que contaban con los métodos avanzados de que hoy disponemos.

Pero me sucedió en el ínterin y ya he hablado de ello en el cuadernillo sobre Espiritualidad - prácticamente biográfico, de mi pasado, de muy niño, inclinado al enfoque religioso, que complementa los otros dos - que volví a encontrarme con la necesidad de algo más que la medicina, y aun más que la psiquiatría. No me bastaron para considerarme lo que se dice “curado” (saben que a Freud no le gustaba emplear la palabra “curado”).

Me encuentro entonces, como les decía, ante la necesidad de un enfoque religioso, pero ya había pasado mucha agua bajo el puente y la palabra religión me quedaba chica y algo que me hubiera impedido si hubiera insistido, como lo haría un religiosos convencional, hacer los descubrimientos que creo haberle expuesto, aunque escuetamente, en mi último libro “Meditación trascendental cristiana”.

Llegó entonces el momento de volver a la psicología, porque curiosamente el tema de la espiritualidad me absorbió, dada las vicisitudes que estaba atravesando más o menos en la época en que estaba iniciando este blog, y que me obligaron a volver a mi viejo enfoque trascendental pero ya ahora no se trataba de la religión convencional.

A propósito, ya que empleo la palabra religión, trato de no emplearla porque para poder hacerlo tengo que recordarles que tengo por costumbre, siempre que me encuentro con una palabra que sospecho es rica en contenido y vale la pena investigar, buscar en el diccionario etimológico. Y religión viene del latín religare, que sería atar al hombre con lo trascendente. En el Corominas me sorprendió y me costó captar el sentido, dice que deriva de escrúpulo.

El que tiene escrúpulos tiene cierto cuidado en lo que hace y dice. La pregunta sería como le introducimos el escrúpulo a esta sociedad tan violenta.

Y buscando escrúpulo me encontré con guijarro. Calculemos entonces que cuando tenemos un guijarro en el pie caminamos incómodos. Y esta dificultad no existe en estos jóvenes del gatillo fácil que carecen de escrúpulos.

La utilidad en este caso de recurrir a la etimología consiste en animarse a hablar de religión sin toda la parafernalia de la iglesia, la misa y los ritos.

Estamos frente a un problema muy serio, el del gatillo fácil, el de la violencia.

Quiero que se entienda mi vuelta a la Espiritualidad en este sentido, que corre el peligro de ser malentendido por causa de ese enfoque tradicional que nos impide abrirnos a nuevos enfoques que necesitamos para ejecutar nuevas técnicas de prevención. Y a propósito de esto observemos que cada vez más el periodismo (diarios, revistas, periódicos) habla menos de la necesidad de la religión, culpa de la misma “religión”, frente a este incremento de la criminalidad que esta llegando a paralizar el funcionamiento de la escuela, que es el recurso que siempre hemos considerado fundamental para la culturización humana.

Quería entonces de esta manera justificar porque estuve tanto tiempo, hasta terminar de escribir el libro de espiritualidad, sin hablar de psicología, porque me apareció no como articulo de fe sino como motivo de reflexión.

Tomemos por ejemplo el caso del término “esquizofrenia” que tiene el peligro que cuando ponemos ese rótulo desahuciamos al que lo sobrelleva y a la familia también. Después de haber escrito mi cuadernillo de espiritualidad podemos pensar que antes de las causas corrientes que adjudica la psiquiatría a esta enfermedad, que se abren en dos: el maltrato al niño desde el nacimiento y los genes, la herencia.

Les doy por ejemplo un caso: releyendo el libro de Pérez Sánchez sobre observación de bebes, nueva especialidad que luego abordaré, cuenta el caso de un bebe, que el observador lo único que hace es observar sin participar, un bebe al que la madre le daba el pecho alzado de una manera que parecía que el bebé se estaba por caer al suelo. Más adelante el bebé desarrollo una grave bronqueoalveolitis.

Por qué no pensar que algo parecido pueda ocurrir con la esquizofrenia. Que en esa etapa muy difícil de conocer pueda ocurrir algo semejante con el enfoque trascendente, anterior a la misma copulación que da origen al niño. Y de allí la pregunta de cómo prevenirla.

Quería decir, en fin, que me entretuve con la espiritualidad porque yo mismo la necesité, porque ni medicina ni la psicología me alcanzaban, y sin ella no podría haber llegado hasta dónde llegué y cómo llegué.