viernes, 18 de febrero de 2011

TRANSICIÓN DE LA ESPIRITUALIDAD A LA PSICOLOGIA Y VICEVERSA

No solamente a ustedes, sino también a mí, me sorprendió el pasaje de la espiritualidad a la psicología, es decir, el comenzar, en el desarrollo de este blog, por la espiritualidad y luego seguir con la psicología. Recordar que esto me diferencia de Freud, quien no admitía, aparentemente, una espiritualidad.

Después me he dado cuenta de que hago una homologación, entre una y otra, de las dos disciplinas, desde el origen de la vida, comenzando por la primera para pasar a la segunda.
Quiero, para corroborar tal enlace, utilizar algo como lo que ocurre en música con el contrapunto. Un ejemplo de este último es el caso de una melodía ejecutada concomitantemente entre la orquesta y un instrumento solista. Ambas formas musicales, aparentemente distintas están armónicamente correlacionadas para que al oído, al menos en la actualidad, le resulten aceptables.
Vamos ahora al título de este fragmento, que también se dará, con ejemplos de los muchos matices incluidos. Pero esta vez aplicado a los dos ámbitos en la evolución y construcción primaria de la mente.
En mi t IV establezco los cuatro niveles que se dan en la evolución del lenguaje. En el primer nivel hay un “lenguaje”, de carácter genético, instintivo (el huevo en formación o el embrión y el feto que le siguen), trascendental, con el “alfarero” mientras nos crea, donde se armonizan o no de entrada, llegando a la ruptura si no se logra (diríamos si armonizan o no).
Es lo mismo que sucede en la vida ulterior, entre el niño, por ejemplo en su etapa de infante (que aún no habla), a la de niño en que sí o no, lo ha logrado. Probablemente aquí armonizan o no, el ser humano en su evolución, con la forma de comunicación del “alfarero” en su actividad creativa.
Se podría dar un número casi infinito de ejemplos, pero para el que capta este primero propuesto, probablemente resulte suficiente.
Algo similar estará ocurriendo entre el soma y las otras áreas señaladas, que enriquecerán, cuando se conocen las tres, el enfoque con que el analista trata a su analizado, con fines diagnósticos o terapéuticos.
De la unidad de todo lo dicho e insinuadas muchas otras correlaciones, resultará la persona con la que interactuamos

Muerte de Néstor K.

La mañana del 27 de octubre del año pasado, alrededor de las siete, al levantarme, y como siempre después del desayuno, me entero por radio, primero, de que estaba muy grave Néstor, y enseguida, que acababa de morir.
Al mismo tiempo leo en la Nación de esa misma mañana, un artículo acerca del momento angustioso que viviría Néstor dado que se le venía la posibilidad de ser llevado a la justicia y hasta encarcelado. Después, juntando ambas noticias, comprobé la ambivalencia que encubrían, ya que estaban estrechamente relacionadas: por un lado, se expresaba una gran maldad que se estaba ejecutando, y por el otro, el sentimiento de culpa y la necesidad de castigo inconscientes, de consecuencias mortales, al mismo tiempo que una amenaza que se cernía sobre él por sus hechos ejecutados en contra de la república (federalismo quebrantado, falta de respeto por dos de los tres poderes de nuestra democracia, etc., etc.) y había recibido la noticia de que están entrando material bélico por la frontera de nuestro país, enviado desde Venezuela por Chávez, para organizar aquí un ejército civil.
Me acordé también de lo que casualmente estaba leyendo en Winnicott de que el bebé debe enfrentar una lucha por integrar lo bueno (amor) con lo malo (su maldad). Esta ambivalencia fue resuelta por M. Klein con su concepto de la elaboración de la posición depresiva en la que si prevalecía el bien, al conjurarse con el mal, surgía con la culpa consiguiente, los deseos de reparar el daño ejecutado; si era conseguido venía la integración de la personalidad, lograda la cual, daba como resultado la alegría, cesando la persecución y el sentimiento de culpa a partir del objeto dañado (la madre) y todo eso sentido también en su interior. En una palabra sobrevenían las bases de la salud mental futura.
También recordé lo que dice Freud en su libro Tótem y Tabú refiriéndose a las tribus maoríes de Australia, estudiadas por un antropólogo de su época, que, entre las muchas características del hombre primitivo, estaba el hecho de que, cuando ejecutaba un acto ilícito, quebrantando las leyes totémicas, por las que se regía, es decir, ejecutar lo que le era tabú: matar al padre y practicar el incesto con la madre y/o hermanas, un desenlace posible era el de morir fulminado sin necesitar haber sido sometido a ningún juicio acusatorio que viniera de afuera de él. Tener en cuenta que Freud señala que en la época que se escribe ese libro los maoríes conservaban las costumbres del hombre primitivo
Si eso lo traemos a la actualidad nos preguntamos: ¿y el hombre actual no conservará en su inconsciente eso mismo, algo como autocastigarse, incluso la muerte, sin necesidad de ser juzgado por el prójimo?. Ese desenlace mortal sería la acción de un hecho de justicia, que no requeriría la actuación de la humana corriente.

¿Qué les parece todo esto mis queridos amigos? ¿Sirve o no para algo el psicoanálisis, que llevo encima?

Algunas reflexiones del día siguiente: algo más, me pregunto: ¿qué va a pasar con Cristina sin Néstor? Este, a mi gusto, era un eximio “domador de fieras”. Si no para que se rodeaba de delincuentes, en general muy malas personas, creo para que ellos ejecutaran la violencia y la persecución inconsciente que lo dominaban, para la que no bastaron sus prematuros achaques, que lo llevaron a la muerte súbita.
Pero, ¿qué pasa cuando el domador ya adentro de la jaula con leones, los cuales domina magistralmente, si él se debilita o entra un extraño a la jaula?, ¿no se abalanzan sobre el débil o sobre el extraño hasta devorarlo?
Pues entonces, ¿Cristina tendrá la capacidad de dominar esas fieras, en beneficio propio, como lo hacía Néstor?

Agrego algo más:
Lo que relato de Freud acerca de lo que dice de las muertes por tendencias auto-destructivas en Tótem y Tabú, se referiría a un hecho de la evolución de la especie (eso se llama filogenia). Pero tener en cuenta que en nuestra evolución como personas, desde que somos bebés (y eso se llama ontogenia) se descubre lo mismo, de la necesidad de integrar los impulsos destructivos (digamos, la maldad) y el amor (digamos, la bondad). Vieron que M. Klein dice que si el amor prevalece sobre la maldad viene la integración con elaboración de la posición depresiva, sobreviniendo la verdadera alegría y deseos de preservar y reparar el objeto (la madre).
De manera que eso (¡ojo!) es una advertencia para los padres en el desarrollo de los hijos. Pensar que la culpa no resuelta, en Néstor, lo fulminó. Y Cristina ¿cómo es?, ¿Cual será la calidad de Cristina?, el tiempo dirá...