Para ir terminando, sin duda provisoriamente, este tema de la espiritualidad, al que insisto me determinaron varios factores - ya mencionados en anteriores publicaciones - a incluirlo en la forma de lograr el bienestar: Recordar que en Harvard lo recomiendan para los enfermos. Yo he terminado, finalmente, aplicándolo también para cualquier persona normal o en una situación patológica (tal como ha sucedido con el psicoanálisis, históricamente).
Lo más importante es especificar cuál es, en mi caso, mi Mantra (término que tomo de la MTH). Probablemente es tan amplia la doctrina judeo-cristiana que se podrán emplear muchos puntos con este carácter buscando, como digo, el bienestar.
Los voy a enumerar, primero desordenadamente, luego los ordenaré de manera más sistemática. Empiezo por referirme, para seguir un orden cronológico, por un tema del – en nuestra religión cristiana – Antiguo testamento (algo que por otra parte me llama la atención, dado que no obstante mi formación bastante lograda sobre los textos bíblicos, he descubierto uno que nunca se me había insistido en conocer, a pesar de mi contacto con teólogos y sacerdotes). En este caso en particular el mantra al que me voy a referir parece ser básico. Es la único mención, al menos dentro de mis conocimientos bíblicos, en que el mismo Dios, “hablando” con el profeta Jeremías, se refiere a como Él creó al ser humano.
Quiero insistir en que creo que el hecho de conocer a fondo el Psicoanálisis me ha permitido imaginarme, y por eso puse “hablar”, entre comillas, con Jeremías. Imaginarme, decía, pensar ¿cómo se entendería la comunicación entre Dios y el hombre? El psicoanálisis, y este es un aporte mío, que puede ser consultado en mi obra general, ha propuesto 4 niveles en la evolución del lenguaje (ver mi tomo IV: “Educación y Ética”). Esto explicaría por ejemplo cómo puede ser que en el Génesis, que seguramente se refiere a épocas muy primitivas de la evolución humana, Dios “hable” con el hombre y la mujer, recién creados, con el demonio, con Caín y con Abel, dos de los hijos de Adán y Eva, etc, etc.
Para eso, entonces, actualmente, con los conocimientos que he adquirido, pienso que no se trata del lenguaje conceptual que tenemos nosotros, sino que se parece más en la evolución del lenguaje al nivel I, como es el caso de la forma de “comunicarse” entre la madre y el feto.
No sabemos bien la calidad de esa comunicación pero por los conocimientos actuales de la evolución del ser humano creemos que existe de una manera primitiva y muy distinta de lo que será la comunicación verbal-simbólica. Es así como en el dialogo que dios mantiene con el profeta Jeremías, y al respecto les recuerdo que el profeta era el encargado de comunicar las ideas de Dios a los hombres, en este caso recién creados, o el hombre sometido a cualquier clase de sufrimiento, que es lo que se propone este Mantra. Que se caracteriza por ser una suerte de dialogo entre Dios y el hombre en una circunstancia en que este se está comunicando con Dios.
Esto nos permite pensar que no es ésta la comunicación verbal que actualmente utilizamos en la meditación cristiana modificada por mí, recordar mi trabajo de comparación sobre la MTH y MTC, y la MTC modificada por mí. Evidentemente esto señala una limitación de las posibilidades de recomendar masivamente la MTC que yo practico, porque si la persona no ha llegado al nivel IV del lenguaje, simbólico- abstracto-verbal, a mi gusto no se puede decir que ha alcanzado la posibilidad de la MTC propuesta por mí.
Quizás, y recomiendo leer las páginas anteriores del blog, encaja más con el Mantra conocido como “OM” el cual a mi gusto se parece más a la comunicación entre la madre y el feto. Hecha esta aclaración y en forma muy limitada me remito al capitulo 18 del libro del profeta Jeremías que en algunas Biblias, y me gusta esa designación, se conoce con el nombre de “La casa del alfarero”.
Ahí Dios protagoniza como el creador no de una pieza de alfarería inerme sino de un ser humano, que en la MTH esta en una evolución muy primitiva, distinta de la que se puede alcanzar en MTC en una persona analizada, y que conozca la teoría psicoanalítica. Recordar que Dios inicia el diálogo presentándose como el alfarero que fabrica las piezas de alfarería con una arcilla que en algunas Biblias se llama greda suponiendo que debe ser un tipo de alfarero especifico y que explica la calidad de la alfarería en oriente, una de las más notables. Sigue Dios explicándole a Jeremías que Él va modelando esa pieza que evidentemente somos nosotros mismos dándole directivas acerca de cómo debe ser su evolución pero por lo que dice a continuación, se ve que nos deja, y ahí estaría el sentido del libre albedrío, nos deja tomar esas advertencias y consejos, o mirando para otro lado hacer nuestra propia voluntad. Esto estaría conectado con la actitud del hombre con la que es creado a partir del Génesis, en que lo primero que hace el hombre, ya dotado de vida, es en lugar de ponerse al servicio del creador, planear fabricar una torre para llegar al cielo.
En lugar de ponerse en actitud de, como dice Santa Teresa, “Señor que queréis de mí”. Esto en la MTC mías consiste en terminar con el sufrimiento al ponerse al servicio del creador.
Esto esta relacionado con la mística cristiana de ponerse al servicio de la voluntad de Dios. Lo interesante es que esa voluntad no siempre es la que nosotros desearíamos porque nos cuesta mucho aceptar el momento de sufrimiento que nos encontramos atravesando, más proclives a aceptar los momentos de placer.
viernes, 17 de diciembre de 2010
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