viernes, 17 de diciembre de 2010

Mi Mantra II: La samaritana del pozo.

Si bien acá me adelanto muchos pasos en la evolución humana, y continuando con el mantra que empleo, que no es más que una meditación reflexiva y la que me ha parecido más apropiada para integrar distintas temáticas de la teología judeo-cristiana, es la de remontarme a un pasaje de, ya ahora del Nuevo testamento. Conocido en los textos bíblicos con el titulo del encuentro de Cristo con la samaritana del pozo. Justamente por lo que vamos a ver a continuación quizás siempre que vamos a tener que emplear ese mantra o reflexión trascendental tendremos que ponernos en una actitud absolutamente distinta a la adoptada por la mencionada samaritana que se encontraba sacando agua del pozo de Jacob. (Lo encontramos en el Evangelio de San Juan, 4-20-1).

Esta es una mujer que de ninguna manera lo reconoció a Cristo en la verdadera calidad de lo que era. En el Antiguo testamento el creador nuestro si no que era totalmente e indiferente a esa reflexión por la forma en que transcurre el encuentro. Cristo le dice a la mujer a quemarropa “Dame de beber”. Aquí también es un momento en que el psicoanálisis me ayudo a considerar la riqueza de este mantra que empleo porque uno de los conceptos básicos del psicoanálisis es que lo que se manifiesta conscientemente puede ser una deformación de lo que verdaderamente se quiere decir (esto se ve mucho en la interpretación de los sueños).

Podríamos pensar entonces de acuerdo al psicoanálisis que no es agua lo que le pide Cristo, sino algo de lo que habla en el diálogo de Dios con el profeta Jeremías. Le estaría diciendo “Dame tu dolor”. ¿Cómo te sentís?. Sí estas mal. Deberíamos seguir el curso del dialogo. La mujer con altanería le responde despectivamente “¿Cómo tu siendo judío me pides a mí de beber siendo samaritana ( explicar la enemistad que existía entre los samaritanos y los judíos, a tal punto que cuando un judío debía transitar por la Samaría no es bien recibido y viceversa) la cosa se va aclarando para nosotros cuando Cristo le contesta: “Si conocieras el bien de Dios y quien es el que te pide de beber tu me pedirías a mí y yo te daría un agua de valor infinito que calmara para siempre tu sed y no tendrás que volver nunca al pozo para extraerlo”.

Y con esta respuesta de Cristo la mujer ya a empieza a bajar su altanería, no era tan mala como parecía, porque ahí en un tono más humilde le dice ”Como tu me ofreces esa agua que calmaría mi sed si Jacob nuestro padre tenia que venir periódicamente a extraer el agua y tú ni tienes un balde para cargarla”.

Es bueno saber que en la primitiva palestina de esos años el agua y los pozos y los oasis eran algo muy cotizado y generalmente las mujeres que están en estos pozo eran prostitutas (eliminemos el sentido perverso que tiene actualmente la palabra) las que al paso de los beduino a esos hombres les calmaban la sed física y también la necesidad sexual perentoria del hombre. Ya entonces damos cuenta de que esa mujer estaría sufriendo, desde que pensamos que no debe ser muy agradable, limitarse a esa relación con el hombre. Y esto lo demuestra que cuando Cristo advierte que baja la altanería de la mujer y ante la sorpresa de ella le decir “Señor tu eres un gran profeta”. Notemos sin embargo que no le dice ”tu eres el creador” pero ya algo de valor le adjudica. Esto aplicado a mi mantra personal me esta diciendo algo que ya enuncié antes y es que lo primero que tenemos que hacer cuando nos ponemos ante la presencia de Dios gozando o principalmente sufriendo es reconocerle que él es el creador, el alfarero.

Ahí entonces en ese momento vista la actitud de la mujer de querer comunicar al pueblo lo descubierto, le dice Cristo “Ve y busca a tu marido”. La mujer le respondió “Marido no, porque no tengo marido” y Cristo le responde “en eso has dicho la verdad no has tenido uno, sino muchos, y ninguno de verdad”.

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