A todos los queridos lectores de este blog:
Ayer, jueves 23 de diciembre, pensando en ustedes y en la cercana Navidad, como nueva muestra de la Obra de la Providencia, recibí una tarjeta de saludo navideño deseándome, como se acostumbra: una “Feliz Navidad”.
Traía además unas líneas impresas, supongo que de la autora de la postal, que dicen:
“Nació en nuestra Tierra
Para que tengamos vida.
¡Seamos discípulos y misioneros!”
La verdad, me dejó muy impresionado haber leído estas líneas. Inmediatamente pensé en todos ustedes, proponiéndome también saludarlos dentro de un tenor semejante. Pero para aquellos que van comprendiendo mi forma de encarar la meditación trascendental variedad Ruiz Moreno, me pareció más valioso todavía, hacer las siguientes aclaraciones, que curiosamente se refieren a cada uno de los tres versos del texto navideño. Y que se proponen explicar ¿Qué es la Navidad?
Donde dice “Nació en nuestra Tierra”, diré que primero, antes del nacimiento de Cristo (segunda persona de la Trinidad de nuestra teología), habría que referirse brevemente al rol del Padre. Recuerden que para mí ese tal Padre en realidad tiene mucho de Madre porque es el Creador de Todo. Y si recordamos aquello de que cumple la función del alfarero pensaríamos que es el representante legítimo de la función de Creador. Es decir, que antes del nacimiento del Hijo, está el alfarero, el Creador, el Padre, de quien proviene. Lo mismo que cualquiera de nosotros.
Si lo vemos naciendo en nuestra Tierra, como dice el verso, coincide con mis estudios respecto de que un día el Creador, si quieren el Padre, quiso conocer las características y cualidades de eso seres representados por las piezas de alfarería que había creado. Para eso a una de las tres persona de la Trinidad nuestra (Padre, Hijo y Espíritu Santo) le adjudicó la función de hacerse hombre, descender a la Tierra.
Lo más interesante de mi Teología que no coincide con la Teología clásica es que así el Creador, en la función de la segunda persona (el Hijo) adquiere las características básicas que son las que se expresan en cualquier hombre: el pensamiento abstracto, la capacidad de conceptualizar y la aparición del lenguaje expresivo. Con esta dotación el propio Dios adquiere algo que si bien estaba creado por Él en nosotros, en realidad es nuestro.
En el segundo verso “Para que tengamos vida”. Hay que decir que, en realidad, la vida en el momento de la llegada de Cristo, ya la teníamos y que lo que faltaba más bien era la aprobación del Padre de lo que había hecho. Y qué mejor que Él mismo para saberlo. Quizás de ahí provenga el sentido trascendente de nuestra vida que nos lo recuerda la Navidad. Su aprobación y su mensaje.
Y así comprenderemos mejor el tercer verso: “¡Seamos discípulos y misioneros!” Para eso necesitábamos conocer estas verdades tan profundas. Saber qué es lo que vamos a misionar. Al servicio de quién estamos. Así resulta que aclaramos el sentido de esa frase que tanto decimos en estos días: “Feliz Navidad”. Dándole todo el maravilloso sentido que tiene dentro de la Creación. Al recordarnos nuestro papel en ella.
Adiós mis queridos, espero que me comprendan y si les cuesta háganme llegar sus preguntas y observaciones.
viernes, 24 de diciembre de 2010
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