viernes, 8 de octubre de 2010

Una Introducción a la Psicosomática en Psicoanálisis (parte 3).

Desconozco su herencia(factores constitucionales). También la relación temprana con la madre en la infancia.

En el futuro cada persona tendrá una ficha registrada por psicólogos adiestrados en embarazo, parto, primera y segunda infancia y se irán conociendo los defectos paulatinamente. Todo esto se enseñará desde la escuela y en las distintas etapas de la escolaridad, escuela secundaria y universitaria, se concurrirá a grupos con psicólogo coordinador pasando a los grupos sin coordinador (recordar el tipo de A.A. (Alcohólicos Anónimos) y Alanón (para familiares de alcohólicos).

En lo que hace a su área I en relación con las otras II y III ya me he referido bastante a lo segundo y en cuanto a su conducta y forma de dirigirse a los demás me remito a lo que hemos ido escuchando y leyendo en los diarios, acerca de que lleva acumulados bastantes conflictos con sus prójimos, acerca de los cuales podría, cualquiera de nosotros sacar conclusiones.

Tener en cuenta que el psicoanálisis nos enseña que hay una relación analógica entre la calidad y cantidad de la lesión en el cuerpo (área II) y en la subyacente residente en el área de la mente. Es decir que el síntoma en el cuerpo actuaría, a los fines de la expresión lingüística, como una metáfora, una sustitución. La metonimia (desplazamiento) se manifestaría en el traspaso de la mente al cuerpo y viceversa, durante el análisis, como material interpretativo. Es así, cómo el analista pensaría, aun antes de interpretar al paciente: “debe ser muy grave el conflicto residente en su inconsciente para que surja una lesión ulcerosa en su cuerpo (lo citado antes del ateroma ulcerado de Néstor K). En su caso particular, también lo dicho para su principio de infarto (que significa muerte del tejido cardíaco) y su colitis ulcerosa.

Para demostrar que no me propongo ensañarme con Néstor, les diré que últimamente por indicación cardiológica se me acaba de implantar un “marcapaso”, artefacto que artificialmente reemplaza a los marcapasos naturales residentes en mi corazón, afectado de una arritmia ventricular severa, que de no ser corregida a tiempo me expondría a un episodio susceptible de detener el funcionamiento de mi ritmo cardíaco normal. De todas maneras, sea por mis resistencias para aceptar que esa gravedad en mi cuerpo procede de conflictos residentes en el inconsciente de mi mente, no puedo dejar de pensar que con mis ochenta y cinco años cumplidos ya tengo derecho a pensar que tengo que irme preparando para la muerte.

Si ahora intento, a través del autoanálisis, buscar la significación lingüística de mi arritmia cardíaca, como hipótesis, en principio indemostrable, pensaría en mi nacimiento. Yo nací de nalgas en 1925 cuando aún la cesárea era prácticamente irrealizable. De manera que habría, para lograr el parto por vía natural, que pensar en el gran sufrimiento de la madre (aquí estaría la matriz de mi arritmia: trastornos del ritmo cardíaco en mi madre angustiada y en mí mismo, por ejemplo), así habría hallado, desde punto de vista lingüístico la analogía entre los ritmos alterados en la madre y en el hijo durante la vida intrauterina, en relación con el tema de sufrimiento y la gran angustia en la madre y en el hijo.

Y así podría aplicar lo dicho sobre mí para Néstor. Ni él, que yo sepa, se ha analizado ni yo puedo demostrar lo que imagino a través del autoanálisis. Sin embargo, si este descubrimiento que hoy he hecho con motivo de escribirles a ustedes este blog, y Nestor si aún recurriera al análisis, nos acercaríamos a demostrar la eficacia del análisis (él con un analista a su lado en una terapia psicoanalítica vincular y yo con el analista introyectado que llevo dentro de mí, en el autoanálisis).

Si tenemos en cuenta que Freud considera que el inicio de la enfermedad mental se remonta a la niñez, se darán cuenta que yo sigo la línea de que se inicia en la Infancia (“infans”, el que no habla) y aun en la vida intrauterina.

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