Estimados lectores: Este envío tiene dos objetivos. Uno de ellos es actualizar, dinamizar y poner más cerca de ustedes, mi página web arrinconada en Internet. Y segundo, proveerles de un curso de psicoanálisis que, desde que está dictado por un psicoanalista de niños, abarca el estudio de la personalidad (esto interesa a pediatras, abogados, psicólogos, maestros, padres, adultos, jóvenes, etc.), desde antes del comienzo de la vida misma del individuo, es decir, las circunstancias que operan durante la vida intrauterina.
Esto da a entender que los que lo impriman y encuadernen en la forma que siempre aconsejo, contarán con un material donde podrán consultar muchos temas referentes al origen, evolución y desarrollo de la persona humana; sin descartar que en su momento también nos referiremos a las perturbaciones de esos hechos aludidos que configuran la psicopatología.
Será completo cuando les remitamos, y esto no sé cuando lo haremos, pero no deberá omitirse, el índice temático de todo lo dicho hasta el momento o de toda la obra en su totalidad.
Por eso en el blog de hoy quiero abordar un tema, que será divido en tres partes, un tema que tratará como lo señala el título una INTRODUCCION A LA PSICOSOMATICA EN PSICOANALISIS, y en el que voy aprovechar un hecho de actualidad que nos va a permitir tener un material casi verídico (porque siempre todo lo que el psicoanálisis ha ido descubriendo ha sido refutado por algunos – Mario Bunge, arquetípico – como no científico por no operar en su metodología de demostración de los hechos con la investigación empírica).
Me refiero a la personalidad de Néstor K. Primero voy a comenzar por señalar los hechos acaecidos, lo que está admitido (sin entrar en temas políticos) por distintas personas capacitadas y por él mismo.
Voy a señalar algunos datos relevantes de su personalidad y de su sintomatología vivida en estos días. Para empezar por esta última, quiero aprovechar para recordarles, para aquellos que no lo saben, que un psicoanalista argentino, Pichón Rivière, fundador de la psicología social, considera que toda conducta humana se expresa a través de tres áreas de la personalidad: El área 1, de la mente, el área 2, del cuerpo y el área 3, de las relaciones sociales.
Del área 1, de la mente, podemos decir, que es aquella con la que podemos llegar a resolver, si seguimos las enseñanzas de Freud, nuestros conflictos, angustias o cualquier forma de expresión emocional o física (esto es lo que se llama en psicoanálisis “elaboración psíquica”), pero también es el área, cuando no está bien estructurada desde la infancia, con la que el sujeto expresa grandes distorsiones de su pensamiento. El área 2, del cuerpo, es el vehículo de las funciones fisiológicas del organismo, de los distintos sistemas o aparatos que conforman nuestro cuerpo y donde también pueden presentarse perturbaciones, netamente patológicas (caso de la colitis, del colon irritable y quizás también la colitis ulcerosa del personaje que hemos decidido hoy tratar, no con fines políticos, repito, sino analíticos y didácticos, para que pueda serles útil a ustedes).
viernes, 24 de septiembre de 2010
viernes, 10 de septiembre de 2010
Respuesta a una observación de un lector.
Uno de ustedes, al leer la última publicación realizada acerca de la consistencia de la madurez, nos hizo la siguiente observación:
"No sé que opinarán ustedes al respecto, pero a la madurez la veo como a una zanahoria a la que nunca se alcanza. Me puedo aproximar, pero no llego. No creo que nadie llegue a ese estado ideal porque lo veo como un objetivo, una tendencia, un lugar a donde acercarse, pero al que nunca vamos a poder llegar. Es parecido al concepto de felicidad."
Nosotros le contestamos del modo que sigue, y nos pareció muy correcta su pregunta, y muy grata, porque veo que hay algunos de ustedes que me demuestran un interés y que al participar me hacen profundizar en los temas.
Totalmente de acuerdo en que la madurez y la felicidad son como las dice: el burro tras la zanahoria.
Y pienso que esa es la idea del Creador, o del Destino, y del Psicoanálisis, acerca de las razones para crear al hombre, y la realidad humana: esa mezcla de bien y mal, porque cuando ambos ingredientes se mezclan bien surge "la creación" en base a la cual se da el crecimiento en que colaboramos con la acción creadora.
La consistencia de la Madurez está en el movimiento creador, y no en un estado ideal. Como dice uno de mis aforismos "Todas las virtudes del hombre tiene un origen bastardo" (al respecto, les sugiero que se tomen el trabajo de averiguar en la vida de cada uno de los grandes hombres de la Historia de la humanidad, qué hechos personales y reflexiones los acosaban, y que con lo que crearon lograron hacer menguar, por ejemplo, tengo entendido que Pasteur, les recuerdo el descubridor de las vacunas y quien termina con la enfermedad de la rabia, tenía una gran preocupación dolorosa por los niños que morían por la rabia).
"No sé que opinarán ustedes al respecto, pero a la madurez la veo como a una zanahoria a la que nunca se alcanza. Me puedo aproximar, pero no llego. No creo que nadie llegue a ese estado ideal porque lo veo como un objetivo, una tendencia, un lugar a donde acercarse, pero al que nunca vamos a poder llegar. Es parecido al concepto de felicidad."
Nosotros le contestamos del modo que sigue, y nos pareció muy correcta su pregunta, y muy grata, porque veo que hay algunos de ustedes que me demuestran un interés y que al participar me hacen profundizar en los temas.
Totalmente de acuerdo en que la madurez y la felicidad son como las dice: el burro tras la zanahoria.
Y pienso que esa es la idea del Creador, o del Destino, y del Psicoanálisis, acerca de las razones para crear al hombre, y la realidad humana: esa mezcla de bien y mal, porque cuando ambos ingredientes se mezclan bien surge "la creación" en base a la cual se da el crecimiento en que colaboramos con la acción creadora.
La consistencia de la Madurez está en el movimiento creador, y no en un estado ideal. Como dice uno de mis aforismos "Todas las virtudes del hombre tiene un origen bastardo" (al respecto, les sugiero que se tomen el trabajo de averiguar en la vida de cada uno de los grandes hombres de la Historia de la humanidad, qué hechos personales y reflexiones los acosaban, y que con lo que crearon lograron hacer menguar, por ejemplo, tengo entendido que Pasteur, les recuerdo el descubridor de las vacunas y quien termina con la enfermedad de la rabia, tenía una gran preocupación dolorosa por los niños que morían por la rabia).
viernes, 3 de septiembre de 2010
¿En qué consiste la Madurez?
Uno de mis aforismos sobre la madurez dice: “Huye de un anciano que no es sabio, pero también de un joven sabio”.
Lo que transcribo a continuación me recuerda a algo de nuestro Antiguo Testamento, algo que dice el profeta Jeremías: “Algún día el templo estará vacío y la gente llevará la Ley en su corazón”.
Allí estaría la esencia de una madurez en la espiritualidad.
Hablemos de la madurez de Barenboim, demostrada y admitida por expertos a propósito de su ejecución en Buenos Aires de las sinfonías de Beethoven. Quien escribe un artículo al respecto en La Nación, se confiesa haber pasado la misma madurez que explica en Barenboim, lo que demuestra que se trata de un periodista experto en arte, en música.
Por lo que se dice en ese artículo, entiendo, juzgando la calidad de su ejecución actual comparada con años anteriores que estuvo en Buenos Aires, que también parece haber presenciado el periodista, no se alteran, incluso personalmente entiendo que se respetan, las partituras de Beethoven. Pero lo que se enfatiza es el toque de madurez que le pone a su ejecución actual.
Con mi pensamiento amodal, encuentro la relación con la sabiduría del cura que tomara mi confesión en el sanatorio Mater Dei, adonde últimamente estuve internado, sobre el hecho de mi inasistencia a la misa dominical, hecho que yo consideraba mi único pecado, por el cual creía que me podía condenar. Entonces me llevo la gran sorpresa de hacerme conocer que no era obligatoria la misa dominical a los 85 años. Me deja de ese manera recibir a Cristo en paz y poder recibirlo en libertad.
(El término de “pensamiento amodal” es una modificación personal realizada a un concepto que figura en un capítulo del libro de D. Stern -"El mundo interpersonal del infante" Ed. Paidos p.68 -, muy afín, a mi gusto, al pensamiento psicoanalítico, que no ve las cosas sólo en el sentido en que se las dicen o se hacen, no sólo en un modo, sino de otros modos. Las cosas que suceden no sólo pueden ser leídas de un solo modo, sino que tienen distintos modos de interpretarse, allí lo amodal. Un acto delictivo por ejemplo puede tratarse no sólo de la destructividad del homicidio, sino también de un acto de identificación con el otro, un anhelo de ser el otro(recordar el trabajo de identificación de M. Klein sobre aquel que tenía una fórmula mágica de convertirse en el otro, apoderándose de él).
Otra relación dentro del pensamiento amodal, volviendo al tema del presente artículo. La madurez que se advierte en Cristo cuando recibe con mejor actitud a la prostituta que entra al banquete que al doctor de la iglesia que lo había invitado a ese banquete, y al delincuente que muere junto a Él en la cruz que al emperador romano o al jefe de la iglesia judía a quienes no invitó a dialogar con Él en el momento de su muerte.
Acá podríamos agregar que esto me permitió entender cuando San Pablo en una epístola dice que “ser virtuoso no es aquel que cumple la Ley sino aquel que tiene Fe en el Creador”.
También en mi obra esto se advierte cuando señalo que el anhelo de estructuración (otro concepto personal) puede ser superior en cierta clase de delincuentes que en un virtuoso convencional.
Otro concepto es el de unidad, característico del director de orquesta: siempre me llamó la atención ese momento inicial en que el director llama a un silencio unificado, después de lo cual irrumpe la orquesta conservando esa unidad respetuosa y de integración unificada. Pues bien: esa sería una buena representación metafórica de lo que se alcanza con la madurez.
Entonces ¿En qué consiste la Madurez?
Ir más allá del libreto sin dejar de respetarlo, sin dejar de atenerse a él, y no obstante trascenderlo, darle el propio estilo.
Lo que transcribo a continuación me recuerda a algo de nuestro Antiguo Testamento, algo que dice el profeta Jeremías: “Algún día el templo estará vacío y la gente llevará la Ley en su corazón”.
Allí estaría la esencia de una madurez en la espiritualidad.
Hablemos de la madurez de Barenboim, demostrada y admitida por expertos a propósito de su ejecución en Buenos Aires de las sinfonías de Beethoven. Quien escribe un artículo al respecto en La Nación, se confiesa haber pasado la misma madurez que explica en Barenboim, lo que demuestra que se trata de un periodista experto en arte, en música.
Por lo que se dice en ese artículo, entiendo, juzgando la calidad de su ejecución actual comparada con años anteriores que estuvo en Buenos Aires, que también parece haber presenciado el periodista, no se alteran, incluso personalmente entiendo que se respetan, las partituras de Beethoven. Pero lo que se enfatiza es el toque de madurez que le pone a su ejecución actual.
Con mi pensamiento amodal, encuentro la relación con la sabiduría del cura que tomara mi confesión en el sanatorio Mater Dei, adonde últimamente estuve internado, sobre el hecho de mi inasistencia a la misa dominical, hecho que yo consideraba mi único pecado, por el cual creía que me podía condenar. Entonces me llevo la gran sorpresa de hacerme conocer que no era obligatoria la misa dominical a los 85 años. Me deja de ese manera recibir a Cristo en paz y poder recibirlo en libertad.
(El término de “pensamiento amodal” es una modificación personal realizada a un concepto que figura en un capítulo del libro de D. Stern -"El mundo interpersonal del infante" Ed. Paidos p.68 -, muy afín, a mi gusto, al pensamiento psicoanalítico, que no ve las cosas sólo en el sentido en que se las dicen o se hacen, no sólo en un modo, sino de otros modos. Las cosas que suceden no sólo pueden ser leídas de un solo modo, sino que tienen distintos modos de interpretarse, allí lo amodal. Un acto delictivo por ejemplo puede tratarse no sólo de la destructividad del homicidio, sino también de un acto de identificación con el otro, un anhelo de ser el otro(recordar el trabajo de identificación de M. Klein sobre aquel que tenía una fórmula mágica de convertirse en el otro, apoderándose de él).
Otra relación dentro del pensamiento amodal, volviendo al tema del presente artículo. La madurez que se advierte en Cristo cuando recibe con mejor actitud a la prostituta que entra al banquete que al doctor de la iglesia que lo había invitado a ese banquete, y al delincuente que muere junto a Él en la cruz que al emperador romano o al jefe de la iglesia judía a quienes no invitó a dialogar con Él en el momento de su muerte.
Acá podríamos agregar que esto me permitió entender cuando San Pablo en una epístola dice que “ser virtuoso no es aquel que cumple la Ley sino aquel que tiene Fe en el Creador”.
También en mi obra esto se advierte cuando señalo que el anhelo de estructuración (otro concepto personal) puede ser superior en cierta clase de delincuentes que en un virtuoso convencional.
Otro concepto es el de unidad, característico del director de orquesta: siempre me llamó la atención ese momento inicial en que el director llama a un silencio unificado, después de lo cual irrumpe la orquesta conservando esa unidad respetuosa y de integración unificada. Pues bien: esa sería una buena representación metafórica de lo que se alcanza con la madurez.
Entonces ¿En qué consiste la Madurez?
Ir más allá del libreto sin dejar de respetarlo, sin dejar de atenerse a él, y no obstante trascenderlo, darle el propio estilo.
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