viernes, 8 de enero de 2010

Sobre uno de los tantos hechos criminales.

En la planta baja del edificio adonde vivo hay un supermercado chino que abastece diariamente las necesidades del barrio y adonde concurro habitualmente.

Volvía yo hacía el mediodía un día de esta semana, y encuentro frente a la puerta del supermercado un patrullero de la policía y en una mirada de soslayo veo abundante sangre derramada en el umbral del mercado.

Inmediatamente lo relaciono con el chino que está siempre en la caja. El delincuente le había propinado un violento culatazo en la frente. Ya había sido atendido precariamente porque tenía unos vendajes para detener la hemorragia que se había producido.
Como conozco a los vecinos, al portero, a algún que otro empleado del mercado, pregunté qué había pasado.

Y había sucedido lo imaginable, a pleno día. Después de asaltar a otro negocio a la vuelta de la esquina, entraron a éste y los delincuentes arrasaron con la caja.

Volviendo a casa unos días después del acontecimiento me dio por comentar el hecho con el portero. Y le pregunté, a quemarropa, por qué razón creía que habían tratado así al chino, no obstante, como el portero me aclaró, conociendo más detalladamente el hecho, dado que estuvo presente, que la víctima no se había resistido.

Tentador para mí encontrarle una razón inconsciente, no habiendo motivos manifiestos para el hecho, como podría serlo la resistencia por parte del lesionado.

El portero no supo qué responderme, balbuceó.
No le di casi tiempo para que pensara. Dado que no esperaba que pudiera responderme; cosa que me parece en verdad lamentable y que demuestra el desconocimiento que tiene la población, en general, de algo que para nosotros los psicoanalistas es un hecho corriente, me refiero a adjudicar a un significante, en este caso la lesión producida a la víctima, más de una significación.

Siempre insisto en esto, porque estamos programados, culturalmente, desde la escuela y la educación de los padres, para encontrar una sola razón a lo que nos pasa, a las conductas manifiestas. Pero debería ser siempre posible indagar y abrir otras significaciones a lo dado.
De aquí que se pueda hablar del carácter polisémicos de un significante(poli: varias, semios: significaciones).

Aclaro de entrada que leyendo la totalidad de mi obra esto resultará fácil de resolver. Y es lo que yo propongo para la educación del futuro: el docente en esa oportunidad, siempre que pueda, deberá abordar cualquier tema manifiesto de que se hable en la clase, hechos históricos o actuales, tratando de despertar la imaginación del alumnado haciéndolos colaborar a todos.

Volviendo al hecho criminal y sus razones.
Daré algunas respuestas a la pregunta: ¿Por qué el delincuente agredió a la víctima no obstante no haber opuesto la misma resistencia?

Primera respuesta. Por envidia. En la envidia, contrariamente a lo que se cree, no se ataca al otro, sino al propio ideal puesto en el otro – como lo señala la señora Melanie Klein. En este caso el otro tiene trabajo y él no. Acaso porque no puede trabajar, o no sabe. Entonces lo ataca. Porque destruyéndolo hace desaparecer su ideal frustrado, aquello para lo que es impotente, o sea trabajar.

Segunda respuesta. Si quieren, dejando libre mi pensamiento, una segunda razón que adjudicaría al hecho, concerniente más bien al varón que a la mujer, pienso que podría tratarse de un recurso fálico que el delincuente estaría utilizando para meterse adentro del otro - un agujero en la frente -, como quien busca volver al vientre materno - el chino, además, sería una figura más que calificada, porque China es uno de los países creadores, madres de la cultura).

Consultando mi obra recomiendo buscar donde trato el artículo de Melanie Klein "Sobre la identificación" adonde ha hecho las lucubraciones sobre una novela de Julien Green llamada “Si yo fuera Usted”, que trata de un sujeto que tenía el don de pronunciar una frase mediante la cual se podía convertir en quien quisiera.
Digamos entonces que el delincuente de nuestro supermercado tenía la formula mágica de convertirse en un trabajador como el chino.
(Ver “Nuevas direcciones del psicoanálisis”).

Los invito a seguir pensando razones. Porque la cuestión no termina aquí.

Serían interesantes para el Derecho penal estos acontecimientos porque harán factible defender al chino por ser víctima y acusar al delincuente por victimario pero también se pueden evocar acusaciones al chino y defensas al delincuente.

Piensen ustedes y escríbanme.